viernes, 6 de mayo de 2011

Mamá

Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor.

Una mujer que siendo joven, tiene la reflexión de una anciana.

Una mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que ama.

Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan. Pero después de muerta daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos, por mirarla de nuevo un solo instante. Por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.

De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape de lágrimas este escrito.

Cuando crezcan vuestros hijos leerles esta página y ellos, cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero, ha dejado aqui un humilde boceto del retrato de su madre.








Porque sentí que te perdía, y quise morir al darme cuenta de que nunca fue así. 
Estaba cegada y no reaccionaba a tus señales. 
Mamá, ya estoy aquí. Mamá, nunca me iré. Mamá, perdóname. 
Quizá no soy la mejor hija que se pueda desear, pero no hay nada que me haga mas feliz en esta vida que esa frase que oigo a diario: "Como te pareces a tu madre..."
Estoy orgullosa de ser un pedacito de ti, de que por mis venas corra la misma sangre de esa luchadora nata que eres tú. 

Nada, ni nadie, volverá a separarme de tu lado. Te lo prometo.


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