Hoy lo que voy a escribir le sorprenderá a más de uno.
Se
que me llamaréis tonta, pero es lo que siento.
Este año ha sido un año de muchos cambios. Mi vida ha sido
tambaleada en diferentes ocasiones, pero de todo he acabado saliendo.
El año está apunto de terminar, y mirando este año,
sinceramente, saco en claro algo.
Algo que a la mayoría le encantaría que le pasara, pero que
yo odio con todas mis fuerzas.
Y es que me dominen. Que piensen por mi. Que se preocupen
por mi. Sin yo pedirlo.
Antes de que penséis que soy tonta, dejad que me explique.
Toda mi vida he tenido un padre controlador. Que me deja
hacer lo que me da la gana, pero sufre a cada paso que doy. Mi madre en cambio,
me conoce bien, y sabe que no hay mejor forma de llevarme que dejar que me
equivoque.
Sé perfectamente que es bueno para mí y que es malo. Se
salir de los atolladeros. Se levantarme cuando tropiezo. No necesito que nadie
me diga: “He hecho esto por ti, por tu bien”. ¿Tú me has preguntado qué es lo
que yo quiero o necesito, como para saber que eso es por mi bien? … Eso, eso es
lo que me mata.
Gente que se cree que te conoce lo suficiente como para
decirte: “ES LO MEJOR”. Y tú ¿qué coño sabes lo que es lo mejor? Será lo mejor
para ti. Porque para mi es una mierda.
Me siento presa cuando eso ocurre. Atada de pies y manos, y
no consigo avanzar. No puedo ser feliz si estas poniéndome la soga al cuello.
Si me llenas la cabeza de mentiras e intentas que otorgue con lo que tú piensas.
Y que encima quieras hacerme creer que eso es lo mejor para mi.
Pregunta antes de tomar decisiones por nadie. No puedes
llegar a imaginar del daño que puedes causar.