lunes, 18 de julio de 2011

I (L) Urbanova

En este caso, una canción no me transporta a un sueño, si no a una realidad. Un recuerdo.
Con los primeros acordes, no sé porqué se me inunda la nariz con el aroma a mar.


Cierro los ojos, inspiro…:

Septiembre. Día nublado, mucha luz, pero el sol está cansando y no le apetece brillar.
Una playa, grande, solitaria. Las olas se dejan caer en la orilla, acariciándola, como consolándola por el trabajo que ha hecho en este duro verano.

El aire, angustiado de tanto calor, ahora se dedica a purificarse, a limpiar los restos de protector solar que han inundado el ambiente durante estos meses atrás. Lo hace con tantas ganas que no te queda otra más que ponerte de manga larga. No puedes luchar contra él. Prefiero rendirme.

Y siento que soy pequeña. La sensación que he tenido siempre llegada esa fecha es la vuelta al cole, que se acaba lo bueno. Que toca estrenar lápices, mochila y libros.

Donde estoy ahora mismo, han habido 200 toallas, 1500 personas, miles y miles de huellas que no les queda otra, más que abandonar ese sitio para dejar hueco a muchas otras. Cientos de historias, de chistes, romances de verano, de lágrimas que han caído en ese mismo lugar en el que yo me encuentro.

…y espiro. Abro los ojos, miro hacia el horizonte.

El mar. El mar, tan bonito y temible a la vez. Sientes como si estuvieras delante de una bestia hermosa. Que te mira, te saluda y te respeta. No puedes hacer más que mirarlo y asentir. Mi amigo y enemigo a la vez, si le temes te cuidará. Te dará los mejores recuerdos de tu vida, los mejores momentos, los mejores besos, las mejores fiestas.

Hay gente que en la playa solo se limita a ver arena y agua. Yo veo mucho más que eso. Llevo 19 años conviviendo con él. Saludándolo cada mañana, y llegando aquí cada fin de verano para agradecerle su trabajo. Y admirarlo.

Y esta canción me ayuda a potenciar ese sentimiento. Ese amor.

Porque sé que aun que esté a 10.000 km de distancia, aun que mire a otros mares, otros horizontes, ninguno será como este.





El paraíso tiene nombre, su nombre es Urbanova. Mi corazón está aquí, enterrado en la arena de esta playa que me ha visto crecer, en este mar que me ha curado tantas heridas y ante este sol que ha secado mis lágrimas de niña. Estoy enamorada. Y nunca dejaré de estarlo.

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